martes, 29 de noviembre de 2016

Obituario Ficticio de Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte. 65 años. Periodista y novelista español. Nacido el 25 de Noviembre de 1951, fallecido el 28 de Noviembre de 2016.

La vida de Arturo Pérez-Reverte ha estado siempre llena de literatura: tras dedicarse durante 21 años al periodismo en estado puro y convertirse en uno de los columnistas de opinión más leídos del mundo, ha pasado sus últimos años de vida dedicado a la escritura. Conocido por su gran éxito El Capitán Alatriste, escribió más de una veintena de novelas así como numerosos artículos recopilados en volúmenes. Ingresó en la Real Academia Española el 12 de junio de 2003, y desde abril de este año, se había convertido en editor y cofundados de la web de libros y autores Zenda.

Su hija, Carlota Pérez-Reverte, hecha pedazos por la fatídica noticia, agradece el apoyo a todos los seguidores de este gran escritor mediante redes sociales, donde apunta que el velatorio será algo muy privado y sin presencia de prensa.

Arturo siempre será recordado por su gran talento narrativo y su facilidad de ver la historia a través de sus ojos y su imaginación. De carácter fuerte y apasionado, ha vivido su vida intensamente, siempre haciendo lo que ha querido hacer, disfrutando de los pequeños placeres de la vida.

Galardonado con docenas de premios por su trabajo, el último el Premio Columnista del Mundo (2015), Arturo Pérez-Reverte pasará a la historia como una de las grandes mentes españolas del Siglo XX.

Descanse en paz.


-Este es un obituario ficticio realizado como práctica para la asignatura de Periodismo Especializado en Ciencia y Cultura”-.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Tecnología al Servicio de la Museografía



El ser humano tiene la costumbre de conservar su historia. No se sabe muy bien el por qué del comienzo de esta cultura, pero desde las primeras civilizaciones existen huellas y señales de que el ser humano quiere ser recordado, quiere formar parte de la inmensidad del universo. En la Antigüedad, por ejemplo, en los templos se guardaban y conservaban los objetos de valor y los objetos de culto, y este es la primera forma de museo que ha evolucionado hasta lo que ahora conocemos.

Y es que los museos ya no son lo que eran: antes acudías para ver montones de vitrinas de cristal con cordones rojos que no te permitían acercarte a menos de un metro de distancia, y todo esto mientras escuchabas a un guía contándote de dónde provenían aquellas piedras sin forma y sin sentido desparramadas dentro de las vitrinas. Hoy en día tú eres tu propio guía, ya que los museos son más interactivos.



Las nuevas tecnologías y los avances arquitectónicos permiten ver y vivir la historia que nos antecede desde diferentes puntos de vista. Por ejemplo, el Museo Arqueológico Nacional, utiliza diferentes formas de llamar la atención del espectador para hacer más entretenida la visita al museo. Las pantallas y los videos es lo más abundante si das un paseo por sus instalaciones, y con ellas puedes meterte de lleno en la Prehistoria, en la Antigüedad, ver cómo enterraban a sus faraones los egipcios… Puedes recorrer la historia desde el principio hasta nuestros tiempos.

Esto no quiere decir que ya no haya vitrinas y guías que te muestren un poco mejor el camino, la diferencia es que tú puedes tomar la iniciativa y elegir el orden de tu visita. La distribución de las salas en épocas es otro recurso que los museos (éste incluido) utilizan, puesto que es visualmente más organizado y bonito. De esta forma, puedes atravesar las salas e ir avanzando en el tiempo: del Paleolítico al Neolítico, de Mesopotamia a Egipto… ¡Es todo un viaje en el tiempo!

Igualmente, se utilizan otro tipo de proyecciones, como la que hay al comienzo de la exposición permanente del Museo Arqueológico Nacional, que te muestra, sobre un mapa de España en relieve, la evolución de las diferentes poblaciones desde la Prehistoria hasta la Modernidad.

Son muchas las tecnologías empleadas en los museos para su mayor comprensión y entretenimiento, e iremos a más. Esperemos poder llegar a ser viajeros en el tiempo y a convertirnos en parte de nuestra propia historia.