martes, 27 de febrero de 2018

España, cuna de la naturaleza


España cuenta con 16 parques nacionales repartidos por todo el país, espacios protegidos donde se puede disfrutar de multitud de fauna y flora en su estado más puro. 

De todos los parques quizás los que más resuenan a los españoles son el Doñana, Picos de Europa, el Archipiélago de la Cabrera o la Sierra de Guadarrama. Lugares donde siempre apetece ir a hacer una excursión y llevar a los más pequeños a que conozcan la fauna nacional y a que aprendan también a cuidarla y conservarla.

Parque Nacional de Doñana (Wikimedia)
¿Cuales son los parques nacionales preferidos por los españoles?

Según los datos proporcionados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, desde 2008 hay un parque que, sin ninguna duda, es el preferido por los españoles: el parque nacional del Teide. 

La presencia del volcán canario que da nombre al parque, influye notablemente en que éste sea el espacio protegido más visitado de toda España, ya que numerosos turistas -en 2016 fueron más de 4 millones, según datos del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital- dedican sus vacaciones en veranear en las Islas Canarias y en visitar este volcán (el Teide), declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2007. Hoy en día, el volcán es considerado el monumento natural más emblemático del archipiélago canario.

Parque Nacional del Teide (El Coleccionista de Instantes - Flickr)
Por lo contrario, el parque nacional con menos visitantes en España es el de Caldera de Taburiente, situado también en el archipiélago canario, y que le quitó el puesto al de Cabañeros, que hasta 2010 era el espacio natural con menos número de visitantes del país.

Esto puede deberse a la competencia que existe entre los dos parques canarios: si el parque nacional del Teide es el más visitado por la presencia del volcán, es lógico pensar que los turistas y españoles que vayan a visitar uno de ellos, escojan ese, antes que el de Caldera de Taburiente. Por ello, este parque queda más abandonado.

¿Más concienciación con el Medio Ambiente?

Según otro dato proporcionado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, desde el año 2012 se ha producido un incremento considerable en el número de visitantes totales a parques nacionales del país. 

En 2001 el número a penas sobrepasaba los 10 millones de visitantes, mientras que en 2004 superaba los 11 millones. Pero estas cifras no son nada en comparación con los datos recogidos sobre las visitas que tuvieron los parques en 2015: 14 millones y medio de personas acudieron a visitar estos espacios protegidos.

Hasta 2012 los datos no superaban los 12 millones, desde ese momento, el aumento de visitantes ha sido desorbitado: más de 9 millones en 2012, más de 11 en 2013, más de 13 millones y medio en 2014 y llegando casi a los 15 millones en 2015.


Según la web Hablando en Vidrio este boom se debe a que el año 2012 estuvo cargado de concienciación medio ambiental y de acontecimientos muy positivos hacia la conservación de la naturaleza:
-La protección de las aguas y la biodiversidad del Ártico y la Antártida: la Comisión Europea propuso una estrategia de 28 puntos para garantizar la protección y sostenibilidad de la región por parte de Europa.

-Corea del Sur suspendió la “caza científica” de ballenas.

-La lucha contra los transgénicos: países como Francia, Suiza, Letonia, Turquía, Kenia y Perú mostraron su rechazo ante el cultivo de transgénicos; mientras que China e India abandonaron su cultivo por estos métodos.

-Fin del Shark Finning: se prohibió la caza de tiburones para cortarles aletas y devolverles después al mar.

-La población de lince ibérico se triplicó en España.

-Cierre de Garoña: el Consejo de Seguridad Nuclear cerró definitivamente la central nuclear de Burgos en diciembre de ese año.

-Gracias a la campaña Detox  de Greenpeace, las empresas Inditex se comprometieron a eliminar todas las sustancias peligrosas de su cadena de producción, además de hacer públicos los datos sobre vertidos de cada una de sus plantas.

-La pobreza energética se incorporó como nuevo indicador de sostenibilidad en España.

Esto sólo fue un comienzo para un siglo que se torna más sostenible y más cuidadoso con el medio ambiente, con la fauna del planeta y con la conservación de la naturaleza.

jueves, 25 de mayo de 2017

De los Looney Tunes a La Patrulla Canina: cómo los niños se volvieron tontos

¿Dónde han quedado aquellos niños que crecieron a la vez que Bugs Bunny, El Pato Lucas, Silvestre y Piolín, El Coyote y el Correcaminos? ¿Qué ha sido de los pequeños inocentes que se mantenían frente al televisor, expectantes de ver a Heidi o Marco en una época donde la comba y las chapas eran la sensación?

Barrio Sésamo, The Muppets y Mickey Mouse, son sólo algunos de los ejemplos de aquellos dibujos que entonces educaban a los niños de familias de todo el mundo. Eran dibujos que infundían valores, pequeños sketches con una moraleja que en algún momento de la infancia recordarías para saber diferenciar el bien y el mal. Todos sabemos que El Coyote y Silvestre son los malos, porque quieren comerse al Correcaminos y a Piolín, y a la vez todos aprendimos que los coyotes son depredadores, y que los correcaminos están entre los animales más rápidos del mundo; por ejemplo.

Los dibujos animados, las series infantiles, las marionetas eran una forma más de educación, con la televisión aprendías cosas, a la vez que te divertías, éramos niños, los documentales eran demasiado lentos para nuestro ritmo. Hoy el ritmo es aún más rápido, y las animaciones también lo son.

Mientras que en el 87 aprendíamos la anatomía humana con Érase una vez elcuerpo humano, hoy dejamos a nuestros hijos en manos de Peppa Pig o La Patrulla Canina. ¿Qué valores se infunden hoy a través de los dibujos animados? ¿Os habéis detenido sólo un minuto para ver qué es lo que ven nuestros hijos, las futuras generaciones, desde que tienen conciencia de lo que es la televisión? En muchas ocasiones bastan 30 segundos para darse cuenta de que estamos criando generaciones inútiles.

Hoy una tal Dora, la exploradora, anima a los más pequeños de los hogares a cantar y saltar, a mezclar el inglés con el español… “Pero aprenden inglés”, dicen algunas madres, “no están parados embobados mirando la tele, se mueven”, dicen otras muchas… Pero, ¿puedes dejar al niño sólo explorando la selva con Dora? Yo lo hice, dejé a mi sobrino de cuatro años sentado en el sofá, sólo mientras iba al servicio, menos de dos minutos solo bastaron para encontrarme al niño llorando en el suelo a mi vuelta. ¿Qué había ocurrido? La exploradora había indicado a mi sobrino, y como a él a todos los niños que estuviesen viéndola, que se levantasen y saltaran para que no sé qué personaje les viera a lo lejos… Mi sobrino se puso en pie en el sofá y saltó, con la desdicha de terminar en el suelo. Ahora nunca ve esos dibujos.

La generación de los noventa se crió con dibujos como El Laboratorio deDexter, protagonizado por un científico (quizás prepotente y egocéntrico, hecho por el que se llevaba más de un escarmiento), que experimentaba con química, tecnología y robots y que aumentaba la curiosidad de los niños hacia las ciencias. Los niños de los noventa crecieron con la Pajarería de Transilvania, donde una especie de veterinario enseñaba las criaturas más extrañas y curiosas del mundo fantástico. Jugaron con las Supernenas, tres niñas (sí, niñas, en femenino), superheroínas con poderes amorosos y un tanto cursis pero que todos los días salvaban la ciudad en la que vivían de un malhechor.

Más grande aún es la Compañía Disney, que ha entretenido y educado a cuatro generaciones ya, y continúa haciéndolo, cada vez más acorde, actual, revitalizando los valores según la sociedad, pasando de “princesitas en apuros” como La Bella Durmiente a grandes heroínas como Mérida (Brave) o Elsa (Frozen).

Ya no están los pequeños Rugrats haciendo travesuras, crecieron y dieron paso a animaciones como Bob Esponja, La Banda del Patio o Sin Chan. ¿Quién quiere que su hijo se cría viendo unos dibujos sin ningún tipo de sentido? Bob Esponja no es más que una mezcla de realidades mal dibujadas, el mar, una esponja, y vídeos de personas de carne y hueso. La Banda del Patio ya mostraba los roles de líder y empollón que hoy día causan tantos casos de bullying. Y, ¿hace falta que hable de Sin Chan? Un niño de cuatro años que va enseñando el culo y “la trompa” allá por donde va.

Eso es lo que les estamos enseñando a nuestros hijos, primos, sobrinos y nietos. Les dejamos frente al televisor para tenerlos entretenidos pensando que van a ver cosas como las que nosotros tanto disfrutábamos y con las que tanto aprendíamos, pero no. Ellos se tiran horas delante de la pantalla viendo robots peleándose, a animales apagando fuegos, a ninjas batiéndose en duelo… Ven niños maleducados y estéticamente feos.

Tengo entendido que se ha puesto de moda La Patrulla Canina, y el otro día quise ver qué clase de dibujos eran. Una animación en 3D donde hay animales que hacen como de personas, hasta aquí bien. Entonces empecé a escuchar, y vi cómo hablaban los personajes entre ellos: no sólo son los valores que infunden, no sólo es el tipo de dibujo (bonito o feo), es que las conversaciones parece que son para tontos. Los niños no van a saber expresarse bien nunca si lo que más ven es “eso”.

Imaginad una familia cuyos padres trabajan ambos. El niño va por la mañana al colegio, donde ve a sus compañeros, los únicos (junto al profesor) con los que interactúa. Come en el comedor, y su madre lo recoge a las 16 horas. Le lleva a casa y le pone la merienda mientras ve los dibujos animados, ve estos dibujos, lo que más escucha el crío son las conversaciones de esas animaciones, porque son las mismas que oye en los demás niños que también la ven. Sólo la madre y la profesora pueden ser referencia a la hora de hablarle al niño para que aprenda a expresarse correctamente.


Nos olvidamos de que los niños son niños, pero no son tontos, y los dibujos van encaminados a crear generaciones de chavales sin “vida”. A los niños no se les debe ocultar el mal para que no lo hagan, se les debe mostrar y enseñar a diferenciarlo del bien.